sábado, 26 de marzo de 2016

COMO UNAS CASTAÑUELAS

El señor risueño que siempre llevaba unas castañuelas en el bolsillo y amenizaba los bares con el chasquido vivaracho de su repiqueteo, sufrió una paliza inesperada en su última intervención. Fue tal el disgusto, que le dio por beber sin medida. Y, desde entonces, aun sin comprender el porqué de aquella agresión tan desmesurada, vaga tambaleándose por las calles, perdido, hablando a las farolas y a los gatos callejeros. No localiza su casa; únicamente se limita a ponerse fino en los bares que encuentra a su paso, sin atreverse a desplegar su gran habilidad con aquel pequeño instrumento de madera. 

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