domingo, 7 de febrero de 2016

VOLUNTADES

Cuando la señora Eulalia empezó a descansar de los años trabajados y a disfrutar del tiempo de ocio con su marido, sintió que le llegaba su hora. La aceptó con fortaleza, resignándose a la enfermedad que le sobrevino. Pero dejó claras varias cuestiones que debían cumplirse a rajatabla. Una de ellas era la fotografía que debía colocarse en el nicho donde sería sepultada; otra, las flores que debían engalanar su tumba en el camposanto; y, la más importante, los tres elegantes trajes, ya escogidos, con los que su esposo y sus dos hijos debían enlutarse el día de su entierro. 

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