viernes, 26 de febrero de 2016

TE CUENTO

En principio, lamer un sapo no es nada agradable. No es como lamer un helado. Pero si en el laboratorio donde trabajas estás rodeada de estos anfibios porque investigas con ellos, alguna vez te ves tentada (como ha sido mi caso) en ir más allá y barajar otras opciones que no sean sacar las típicas muestras de ADN y otras mandangas de índole científica. Desde hace unos días, además de lametones, también acaricio sus cuerpos rechonchos y doy besos a sus gruesas pieles verrugosas; sin esperar resultados ni transformaciones ni nada. Solo por probar. Hace demasiado tiempo que vivo sola.


Relato finalista en Wonderland el 19/03/2016 
El relato ganador fue el de Belén Sáenz. También estuvieron entre los finalistas Arantza Portabales; Paloma Hidalgo; Estibaliz Dilla y Rafael Olivares.

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